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Gotas de Paz – 316 Roma, 05 de diciembre de
2008.
“Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino
del Señor, enderecen sus senderos.” Mc 1, 3
Este segundo domingo del adviento nos presenta la gran
figura de Juan Bautista. Él, como profeta encargado de
preparar la llegada del Salvador, es para nosotros una
importante ayuda en nuestra preparación espiritual.
Su mensaje aun hoy hace eco en el desierto del mundo y
de nuestras vidas: “Preparen el camino del Señor.”
Así como Juan hablaba a la gente de Israel, a personas
que conocían la ley, que fueron circuncidadas, pero que
vivían muy superficialmente su fe, hoy él nos habla a
nosotros, bautizados, confirmados, “eucaristizados”,
(tal vez esposados en la iglesia o hasta consagrados),
pero que tantas veces vivimos a medias nuestra fe, y nos
comportamos casi peor que los paganos.
Infelizmente, esta es una realidad muy común en la vida
humana: con el pasar del tiempo las cosas se van
acomodando y pierden aquel vigor inicial. Hasta mismo,
las primeras comunidades fueron llamadas a redescubrir
“el primer amor”, porque el fuego inicial se había
enfriado.
De hecho, la vida cristiana necesita una continua
nutrición para que no se debilite y pierda su brillo.
Nuestra conversión debe ser un proceso continuo, y
debemos empeñarnos constantemente en él. Bastan algunos
descuidos para que se instale en nuestro espíritu
aquellas voces del mundo, que se insinúan suavemente:
-“bien hoy estás cansado, así no más, mañana haces tú
oración, o el domingo próximo vas a la misa”; -“bueno no
se puede ayudar a todos, ya hiciste mucho”,
-“nadie me va a descubrir, porque no pruebo...”,
-“un pecadito solo por hoy no me cambiará...”
Y así, sin darnos cuentas, nos trasformamos casi en el
opuesto de un discípulo de Cristo, nos desfiguramos en
nuestra fe, perdemos la intimidad con él, aunque
mantengamos el nombre de cristianos.
Es, entonces, el momento de escuchar Juan Bautista que
pasa y grita, y grita fuerte en el desierto de nuestras
vidas: ¡Conviértanse! ¡El Señor ya viene! ¡Ajusten sus
caminos!
Por eso, el adviento es tiempo de tomar conciencia y
preguntarse: ¿dónde estoy andando? ¿Qué estoy haciendo
con mi vida? ¿Mis bonitas ideas o mis buenos propósitos,
estoy colocando en práctica en mi cotidiano?
A aquellos que querían cambiar de vida, Juan proponía un
baño ritual, una inmersión en el río Jordán, como señal
de renacimiento, de vida nueva. Hoy, a los que ya fueron
bautizados, la Iglesia propone una nueva inmersión en la
gracia de Dios, que perdona y revigoriza a través de la
confesión y de la eucaristía. Son estos sacramentos que
pueden hacer florecer nuestro desierto.
No nos olvidemos que prepararse para navidad es mucho
más que adornar las puertas y arbolitos, escribir
tarjetitas, comprar regalitos, jugar “amigo invisible” o
pensar en las comidas. Todo esto va bien, si es
acompañado de una preparación interior. De nada sirve
llegar a Navidad con muchas luces coloridas afuera,
cuando dentro reinan las tinieblas.
El tiempo es ahora: ¡Preparen los caminos del Señor!
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia
de ti.
El Señor volva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
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