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Publicación: Diario ABC Color, Domingo
30 de Noviembre
de 2008
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Vigilancia activa |
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Empezamos el tiempo de Adviento, que son las
cuatro semanas de preparación a la Navidad, de tal modo
que el nacimiento del Señor Jesús no nos encuentre
solamente preocupados con clericó, cenas para aquí y
para allá, regalos y viajes.
Todo eso puede ser bueno y necesario para nuestro
crecimiento humano, sin embargo, jamás hemos de perder
de vista lo esencial: Cristo Jesús nace entre nosotros y
se hace nuestro compañero de camino.
El Evangelio nos invita a estar vigilantes, pues el
momento del encuentro con el Señor es totalmente
inesperado, lo que puede darse en Su segunda venida en
la gloria, cuanto puede ser en nuestra muerte.
“Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo
llegará el dueño de casa y no sea que les encuentre
dormidos”: esta firme exhortación dice que no podemos
“vivir como que dormidos”, sin proponernos metas
realizables y resumiendo nuestros quehaceres en
despotricar contra todo mundo.
Cada ser humano recibe una misión, talentos para
realizarla y constantes bendiciones de Dios. Entonces,
hay que emprender el largo camino con valentía, buscando
inspiración en la lectura de las Sagradas Escrituras, en
la Misa de cada domingo y en el silencio de la oración.
Cuando uno no cultiva estas dimensiones de su
espiritualidad, muchas veces va a atormentarse con la
pregunta: “¿Qué será que Dios quiere de mí y por qué no
entiendo su plan?”.
Vivir la vigilancia activa es tener paciencia delante de
los silencios de Dios, ya que tantas veces uno le
pregunta mil cosas y parece no recibir ninguna
respuesta. En verdad, el Señor nos habla en nuestra
conciencia, a través de las otras personas y en los
acontecimientos de la vida.
Lo que ocurre es que uno desea un justificativo para sus
comportamientos y, no tanto, fuerza para hacer la
voluntad de Dios. Esto no es ser vigilante, pero
acomodado y lo que es peor: acomodado en sus macanas.
El cuidado constante significa también entender que para
construir algo positivo hay que luchar bastante y en
este trajinar uno pasa rabias, decepciones y varias
veces es dejado solo, justamente por aquellos de quien
más esperaría apoyo.
San Pablo nos asegura que en Cristo hemos sido colmados
de todas las riquezas, las de la palabra y las del
conocimiento (1 Cor 1), lo que nos ilumina para
administrar correctamente los conflictos que la vida nos
ofrece, sin perder la esperanza, ni tampoco acabar
deprimido.
Al emprender un nuevo año litúrgico, tratemos de
participar gustosamente de la “Navidad en Familia”.
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Paz y bien.
Hno. Joemar Hohmann
hnojemar@gotasdepaz.com
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