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Publicación: Diario ABC Color, Domingo 23 de Noviembre de 2008
 

El Rey juzgará

Mt 25,31- 46


Con la fiesta de Jesucristo, Rey del universo, concluimos el Año Litúrgico. El domingo siguiente, 30 de noviembre, es Adviento y empezaremos el ciclo “B”.

La historia humana ha conocido a muchos “reyes, reinas, príncipes, princesas“, y otras hierbas al estilo, pero todos ellos murieron y su reino, o supuesto reino, terminó. Infelizmente, la mayoría ha dejado una marca negativa y ha sembrado injusticia y dolor.

Es fruto de la soberbia y del poder económico el ser humano considerarse como “rey y señor” de su semejante, pues todos somos simples mortales, que a cualquier momento pueden sufrir un accidente, tener un infarto o romperse un aneurisma. Lo cierto y seguro es que nuestras obras no quedarán sin una evaluación justa y misericordiosa.

El Evangelio nos muestra quién nos va a juzgar y cuáles son los criterios usados: Nuestro Señor Jesucristo es el único Rey del universo, de la creación y de las personas.

Y de ahí, mi hermano y mi hermana, la persona sabia orienta toda su vida en función de este juzgamiento y no se deja ilusionar por las vanidades del mundo.

El va a venir, aunque nadie sabe cuándo y, los que afirman saberlo, son pobres despistados o tratan de engañar a los incautos.

Todo mundo estará delante de este Señor y Juez y él va a separar los buenos de los malos, los que han practicado la solidaridad, la humildad, se esforzaron por perdonar y construir una familia mejor.

Del otro lado, estarán los prepotentes, los narcisistas, los que han utilizado su poder y su fuerza para abusar del semejante, han robado a diestra y a siniestra y se enriquecieron ilícitamente.

En sí mismo, un juicio de esta clase no es novedoso, hasta podríamos decir que es natural.

Lo verdaderamente novedoso es cuando Jesús afirma: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. El Señor y Juez del universo se identifica con el más humilde y está presente en la persona del otro.

Cada vez que usted hace un gesto de bondad, o de maldad, para su semejante, especialmente para los más sencillos, es para el mismo Jesucristo que lo está haciendo. Es tremendo este criterio para dar la sentencia final, pues tantas veces uno piensa que si engaña la justicia humana, ya está libre de todo.

Y es también un criterio feliz, pues siendo amables, solidarios y humildes con los demás, disfrutaremos de la ternura del Señor para siempre.

 

Paz y bien.

Hno. Joemar Hohmann

hnojemar@gotasdepaz.com

 

                    

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