Publicación: Diario ABC Color, Domingo 7 de Diciembre de 2008
Preparar el camino
El Evangelio proclama: “Un voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”.
Es la predicación de Juan Bautista, que retoma las palabras del profeta Isaías y esta indicación debe mantenerse viva por todos los siglos, ya que es justamente eso que necesita el ser humano.
El profeta usa términos de la geografía, como “desierto, rellenar los valles, aplanar las montañas” y otros.
Hoy día, delante de las brutales agresiones a la naturaleza, de cierta manera, podemos entender el urgente cuidado con la ecología, sea la preservación de las florestas, del agua potable y del aire que respiramos.
Pero, si el ser humano no cambia su corazón materialista, tampoco va a cambiar el modo como trata la naturaleza.
Por ello, “preparar el camino del Señor” presenta un significado más profundo, pues se refiere al modo como uno se relaciona con Dios y a la honestidad consigo mismo.
“Allanar sus senderos” es no poner obstáculos insulsos para la acción liberadora de Dios, como la falta de autodisciplina delante del consumismo. Por estos tiempos, sentimos que hay un feroz marketing hacia todo tipo de compras y derroches, a tal punto de que uno “compra lo que no necesita con la plata que no tiene”. Y, después se queda agobiado por esa impulsividad que nandi vera.
“Preparar el camino” es reconocer que Dios debe entrar en nuestro corazón y sentirse a gusto ahí. Para tanto, es imperativo que la egolatría dé un paso al costado y que no estemos tan satisfechos con nuestras irresponsabilidades. Es mirar el propio interior y admitir que uno necesita madurar, que es importante ser más sencillo y tomar la iniciativa para resolver sus problemas.
La expresión “preparar el camino” es sugestiva, ya que expresa la necesidad de no improvisar, de organizarse para ser más solidario y más dedicado a los otros, pues pasar el tiempo adorando el propio ombligo es trayecto seguro de frustración.
Peregrinamos a Caacupé, lo que es bueno, sin embargo, es fundamental aprender con María la peregrinación hacia los verdaderos valores y que sepamos preparar el “TERERE DEL ALMA”, que es tener un corazón más fresco y una conciencia realmente limpia.
San Pedro (2 Pd 3) insiste en que allanar los caminos exige una conducta sana, pues esto, de alguna, manera acelera la venida del Señor.
Es cierto: cuanto más vivimos de modo generoso, más manifestamos que la gracia divina está operando en nuestra alma y, por lo tanto, en el mundo.
Paz y bien
Franciscano Capuchino
Hno. Joemar Hohmann
|